1.9.06

Necesidad, Deseo, Demanda

Lacan formula una relación entre necesidad, deseo y demanda a partir de la concepción freudiana de la satisfacción alimentaria. En las primeras experiencias de satisfacción, el niño depende en su ser, de las exigencias de la necesidad manifestadas en un estado de tensión del cuerpo (en este ejemplo es el hambre). Su incapacidad para satisfacerse requiere la presencia de un adulto. En un principio no hay intencionalidad del niño en movilizar su cuerpo con un valor de mensaje al otro; no puede decirse que utiliza esas manifestaciones para significar algo al otro, pero cobran sentido en el otro porque se ubica al niño en un estado de comunicación y la intervención del otro constituye una respuesta a algo considerado como una demanda; luego entonces tienen el valor de signos para ese otro que las interpreta, tienen sentido en la medida en que el otro se lo atribuye, remitiendo al niño a su sistema de discurso, en sus referentes simbólicos, atribuyéndose el lugar de otro privilegiado con respecto al niño, el lugar del Otro.

La madre lo somete al universo de sus propios significantes a través del aporte del objeto alimenticio, esta supuesta demanda puede considerarse entonces como una proyección del deseo del Otro. El proceso de la primera experiencia de satisfacción continúa en la medida en que la madre responde con el objeto de la necesidad y el niño reacciona con una distensión orgánica relacionada con la satisfacción de la necesidad. Además del alimento, la madre responde con gestos o palabras, que para el niño son una fuente de prolongada distensión; esta respuesta hará gozar verdaderamente al niño, más allá de la satisfacción de la necesidad, en donde el amor de la madre se suma a la satisfacción de la necesidad propiamente dicha. Este momento de satisfacción es inmediatamente cargado de sentido por el Otro; un mensaje del niño como testimonio de reconocimiento, un sentido que se basa en el deseo que la madre le confirió al niño. El niño queda entonces irreductiblemente inscrito en el universo del deseo del Otro, en la medida en que está prisionero en los significantes del Otro.

A partir de la segunda experiencia de satisfacción, el niño se enfrenta con el orden de una pérdida, en donde el surgimiento del deseo se liga a la búsqueda del reencuentro con la primera experiencia del goce. Cuando la necesidad aparece nuevamente, el niño es capaz de desear por medio de una demanda que dirige al Otro, puede usar ya por su cuenta el sentido que ha adquirido la vivencia psíquica durante la primera experiencia de satisfacción; lo lleva a formular una demanda, una demanda que haga escuchar su deseo: intenta significar lo que desea. El surgimiento del deseo, entonces, se basa en una reactivación de la huella mnésica durante el transcurso de la excitación pulsional. La huella mnésica se introduce en una vivencia marcada por la red significante del Otro. Este dinamismo del deseo puede vectorizar la estimulación del cuerpo bajo el efecto de la privación, en donde el niño utiliza signos cada vez más intencionalmente con respecto al Otro, en espera de satisfacción, que asume provisionalmente en forma alucinatoria.

Lacan descubre que el objeto de la pulsión no es el objeto que la satisface, por ejemplo: en la necesidad alimentaria, no es el alimento lo que satisface la pulsión, sino el placer de la boca y bajo esta perspectiva, el objeto de la pulsión, no puede ser el objeto de la necesidad, el único objeto capaz de responder a las características anteriores es el objeto del deseo, el objeto "a", el objeto causa del deseo. Este objeto "a", eternamente faltante, señala la presencia de un hueco y encuentra un lugar en el principio de satisfacción de la pulsión, en donde el fin de la pulsión es un circuito de retorno de la pulsión hacia su fuente, con lo cual, se explica cómo se satisface una pulsión sin llegar a su fin, ya que el deseo va más allá de la necesidad para llegar a la presencia del Otro, pues el deseo sólo puede nacer en relación con el Otro, en donde podría explicarse su génesis y su inevitable repetición.

La historia del deseo del niño comienza entonces con el grito, en donde se separa de la experiencia de la necesidad; con el grito intenta nombrar el objeto que necesita en referencia al otro: te demando que me des; instaurándose en una demanda dirigida al otro, una demanda de reconocimiento. Esta demanda inicia una comunicación simbólica con el Otro, da prueba del ingreso del niño al universo del deseo, pues el deseo está modelado por las condiciones de la demanda porque su llamado busca una respuesta.

3 Comentarios:

Blogger DANIELITA dijo...

hola me llamo daniela y me parece muy interesante tu blog y la verdad me gustaria que nos contactaramos....
por que me gustaria que me expliques com se organiza un blog asi como tu lo tienes

3:29 p. m.  
Blogger laura c. dijo...

Está muy interesante la introducción que haces a la relación entre necesidad, deseo y demanda. Estoy haciendo un trabajo sobre este tema y me ha aclarado mucho el panorama.

El texto es claro y conciso.

gracias!

12:36 p. m.  
Blogger tequila2 dijo...

Me gusta . Esta muy explícito el tema.
Me gustaría profundizar más.
Muchas gracias

7:52 p. m.  

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