15.6.06

Individuo y Nación

Si el individuo es semejante a su Nación, entonces México tiene un grave problema.

Nuestra cultura ha tomado por costumbre reconocer sólo los rasgos negativos tanto en el otro como en nosotros mismos, de tal manera que lo propositivo ha quedado relegado a un segundo término y bajo mirada sospechosa. Así, un elemento negativo cobra más fuerza y el propositivo queda marcado como ilusión sospechosa que algun día podría ser, aunque siempre habrá en ella elementos que puedan debilitarla. Y esta forma de conciencia de nosotros mismos, ha tomado lugar, desde la forma más popular como el chiste (aquél de los cangrejos mexicanos dentro de una cubeta) hasta niveles graves en el poder, como es el caso más reciente entre los candidatos a la Presidencia en que la forma más segura que encontraron para demostrar su valía no fue demostrando sus capacidades para el lugar pretendido, sino evidenciando las deficiencias en el rival. Y si ésto es un reflejo de nosotros los mexicanos como Nación, luego entonces, tenemos un problema. Y el mayor problema es que los alimentamos diariamente, añorando el bienestar social, fantasiado como muy lejano mientras vaciamos las cenizas de un cigarro sobre alguna reserva natural. Quizá no se trata de llevar nuestra fantasía demasiado lejos; quizá sólo se trate de voltear y echar un ojo a todos aquéllos elementos positivos que nos negamos a ver. Quizá lo que la nación haga, hará el individuo y viceversa; quizá no podemos ser de otra manera o quizá México tiene un bienestar tan basto que se esconde a nuestros ojos.

(...) hizo como tantos atletas: una vez obtenida la victoria, creyó que podía descuidar el ejercicio. op. Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, I, 2, 19.