16.9.06

Origen del Psicoanálisis

La palabra en Freud

A partir de las observaciones clínicas de Freud en el comportamiento humano, la palabra fue cobrando importancia y un nuevo lugar dentro del conocimiento humano, valedero tanto en lo teórico como en la práctica clínica en el trabajo con pacientes. Esta importancia se perfiló desde el psicoanálisis como uno de los elementos esenciales, para luego convertirse en el elemento primordial en el desciframiento del inconsciente.

Origen del psicoanálisis

El origen del psicoanálisis se remonta en tiempos de Charcot, en la Francia a finales del siglo XVIII, ya que la hipnosis fue un caso necesario para su nacimiento. Comenzó con las pacientes llamadas histéricas que presentaban diversos síntomas como cegueras o parálisis sin explicación biológica alguna, provocando actitudes diversas dentro de la medicina. La hipnosis fue uno de los recursos que se utilizaron para su tratamiento.

“En sus presentaciones de los martes, Charcot mostraba que por medio de la hipnosis se podían producir síntomas semejantes a los de la histeria.” Sin embargo, es hasta 1885 cuando Sigmund Freud, creador y padre del psicoanálisis, durante su beca en Francia, pudo presenciar tales experiencias, y además, pudo observar que estos pacientes tenían experiencias que no guardaban en su conciencia, por lo tanto, la hipnosis mostraba la existencia de dos cosas: que había cosas que no estaban en la conciencia de los sujetos y que éstas tenían efectos sobre el comportamiento y la vida despierta de los sujetos.

Después de constatar que Charcot podía provocar y anular los síntomas con el sólo efecto de sus palabras, sin que los pacientes guardaran ni el mínimo recuerdo, Freud supuso la existencia de un pensamiento separado de la conciencia (las negritas son nuestras) (...) A pesar de que Freud no concebía aún esta parte separada como algo común entre los hombres normales, ya no podía mirar y estudiar a los histéricos como antes.

El encuentro de Freud con Breuer

Joseph Breuer era amigo de Freud desde hacía 12 años y en 1882, (tres años antes del viaje de Freud a Francia) Breuer le habló de un caso de histeria al cual Charcot no mostró interés, pero Freud a su regreso a Viena, ampliamente interesado por el caso Anna O, pidió más información a su amigo persuadiéndolo de colaborar con él, en lo que sería su ópera prima común: Estudios sobre la histeria. Durante este tiempo, Freud utilizaba la hipnosis y la sugestión como medios terapéuticos. Para los médicos de esa época, las pacientes histéricas eran simplemente simuladoras que desencaminaban la medicina, que no tenían respeto por ella, ni por la anatomía humana, considerado a la hipnosis y a los médicos que se ocupaban de ellos como charlatanes. Bajo estas condiciones, Freud debía lograr progresivamente una ruptura con la medicina.

En 1889, Freud se enteró de que en Nancy, Berenheim y Liebault utilizaban la sugestión con o sin hipnosis, algo que él no había aprendido con Charcot y en ese mismo verano hizo un viaje de prácticas durante algunas semanas en Nancy. Allí, “Freud recibió las más fuertes impresiones relativas a la posibilidad de existencia de potentes procesos psíquicos presentes, aunque ocultos a la conciencia de los hombres.” Durante los cuatro años que separaron sus viajes, Freud se dedicó a la hipnosis con fines de investigación tratando de descubrir el origen de los síntomas histéricos. Freud había estudiado el caso de Anna O. (Berta Pappenhaim) pero necesitaba confirmar esa experiencia con otros casos.

Breuer había curado a Anna O. de parálisis, contracturas, inhibiciones y alteraciones de la conciencia. Bajo hipnosis, la paciente recordaba todo lo que se refería a sus síntomas, pero en estado de vigilia no era capaz de decir nada más acerca de ellos. ”Parecía que detrás de cada síntoma un recuerdo particular había sido retenido, olvidado, y a través de estos estados hipnoides, el hecho de recordar aquellos provocaba la curación del síntoma.” El hecho de hablar producía una liberación de afecto, a lo que Breuer llamó catarsis y que posteriormente Anna O. bautizó su cura con Breuer como Talking cure, cura por la palabra (deshollinamiento). “El método catártico, en la medida en que no emplea más la sugestión para sanar el síntoma y deja al paciente libre de decir lo que quiera, este se puede considerar el origen del psicoanálisis.” Sin embargo, dos nociones nuevas estaban ausentes en la concepción de Breuer: represión y sexualidad.

Aunque Breuer comentaba que siempre se trataba de secretos de alcoba, ignoraba lo que realmente provocaban los estados hipnoides, por qué la conciencia estaba separada, de dónde venían esos pensamientos y qué podía encontrar bajo hipnosis, pero Freud ya estaba sobre la pista. En la histeria de Anna O. hubo un suceso de importancia capital: en la cabecera de su padre enfermo, la paciente de Breuer dejó entender que ella quería esconder a su padre su estado de agitación y sobre todo, su ternura o cariño inquieto hacia él y en ese lugar del pensamiento o del impulso rechazado habían aparecido más tarde los síntomas histéricos. Freud había comenzado a suponer que los pensamientos o impulsos en cuestión tenían cierta connotación sexual, pero lo que precipitó su convicción fue un momento de orden transferencial y delante del cual Breuer había retrocedido.

Una vez más los síntomas de Anna O. habían desaparecido y ella estaba, por así decirlo, curada, una tarde Breuer fue llamado de urgencia a su cabecera. Ella estaba en un estado de confusión y sufría de violentos dolores uterinos. Breuer la interrogó y obtuvo de ella estas palabras extraordinarias para la época: Espero al niño que tengo del doctor Breuer.

Freud estaba entonces delante del suceso primordial dentro de lo que posteriormente sería el psicoanálisis y que iba a caracterizar en adelante el tratamiento analítico: el amor de transferencia. Un día, una de sus pacientes le abrazó del cuello al despertar de una sesión de hipnosis, “Freud, tuvo, nos dice él mismo, el espíritu lo suficientemente frío, en tanto que él acababa de sanar de sus males con dificultad para colocar este suceso en la cuenta de mi irresistibilidad personal.” Freud había captado el elemento amoroso que se agitaba detrás de la hipnosis y con la intensión de apartarlo o al menos de aislarlo, decidió abandonarla.

Pero como la hipnosis proporcionaba grandes servicios en la investigación psíquica de pacientes, al poner a su disposición un saber del que los sujetos no disponían en el estado de conciencia y para prevenirse de las dificultades que irían surgiendo, recordó que en Nancy, Brerenheim estaba convencido de que el saber que se obtenía bajo hipnosis era de hecho conocido por sus pacientes, ya que después de las sesiones los impulsaba a recordar, persuadiéndolos de que ellos mismos estaban en posesión de esos recuerdos; para ayudarles, les colocaba la mano sobre la frente y los recuerdos olvidados realmente volvían. Freud entonces decidió hacer lo mismo, abandonando la hipnosis por aquello que iba a resultar el método psicoanalítico; sólo conservó de la hipnosis la posición del paciente estirado sobre una cama de reposos, detrás del cuál se sentaba y le permitía ver sin ser visto.

La investigación de los recuerdos olvidados de los pacientes era posible, por tanto, sin hipnosis, sin embargo, aquello que podía ser descubierto desde el empleo de este método por Breuer: la asociación libre de ideas del paciente se debía decir a propósito de todo lo que concernía a su síntoma. En cuento al amor de transferencia, llegaría a ser a lo largo de la historia del psicoanálisis el elemento motor y el principal obstáculo en esta investigación del saber olvidado.

“El mérito indiscutible de Breuer es el de rescindir, prescindir, renunciar, al uso prepotente de la palabra y el de orientar su atención al decir de la enferma. Breuer escucha a Anna O. recupera, recibe restituida, esa palabra, su palabra propia, que por primera vez es escuchada.” Freud se separó de Breuer probando, por un lado, que ese lugar psíquico disociado de la conciencia se debía a un olvido activo por parte del sujeto, olvido que él iba a llamar represión; y por otro, que los pensamientos inconscientes consignados en ese lugar eran pensamientos sexuales. La rememoración de los recuerdos olvidados provocaba una descarga emocional: la catarsis. Este método fue utilizado por Breuer y Freud durante quince años, desde 1880 a 1895 en el que el paciente se liberaba del recuerdo traumático de un suceso ante el cuál, no había podido reaccionar.

Como dice Freud:

‘Ahora se entiende el modo en que produce efectos curativos el método de psicoterapia por nosotros expuesto. Cancela la acción eficiente de la representación originalmente no abreaccionada, porque permite a su afecto estrangulado el decurso a través del decir, y la lleva hasta su rectificación asociativa al introducirla en la conciencia normal (estado de hipnosis ligera) o al cancelarla por sugestión médica, como ocurre en el sonambulismo con amnesia.’

Esta senda se le abre a Freud luego de constatar los fracasos de la hipnosis y en pleno ejercicio de la técnica de la sugestión: ‘¡Usted debe recordar!’ Era en la obstinada búsqueda de un recuerdo faltante que los pacientes tropezaban insistentemente con una ocurrencia que parecía ser banal y que no parecía tener nada que ver con lo buscado, pero siempre terminaba por poner de manifiesto insospechadas relaciones con el síntoma y con el cuadro mórbido.’

Esta catarsis fue progresivamente dejando su lugar al trabajo de elaboración que se lleva a cabo en la cura del paciente, trabajo por el cual, los elementos reprimidos retomaban su lugar en la vida psíquica consciente; desembocado este cambio de técnica en el origen del psicoanálisis. Una vez que observó la división psíquica del sujeto, Freud supuso un mecanismo de lucha para olvidar aquello que fuera penoso, horroroso, doloroso o vergonzoso en la consideración de la personalidad; este mecanismo de lucha se conocía como represión, estableciéndose con éste concepto el psicoanálisis definitivamente. “Como decía Freud, ‘la teoría de la represión es la piedra angular sobre la que reposa todo el edificio del psicoanálisis.’”

6.9.06

Política Mexicana

Finalmente y después de un sinfín de aventuras ganó la presidencia Felipe Calderón. ¿Y qué aprendimos en esta contienda electoral? En primera instancia, hemos aprendido que no se puede gobernar un país que apunta a la democracia con reglas establecidas en un imperio priísta; que en México no existen leyes para soportar todos los pormenores que representa una democracia; que en cuestiones políticas dejamos mucho qué desear y que estas deficiencias pueden someter al país a graves problemas de estabilidad en todas sus modalidades. ¿Y de dónde surgen estás conclusiones?

Considero que las constantes intromisiones del Presidente de la República a favor de su candidato y la llamada voz de las empresas con sus spots televisivos y su mal entendido concepto de libertad de expresión pusieron en grave riesgo las elecciones del país. ¿Y qué sucede? No existen leyes que regulen estos actos o al menos eso demostraron nuestras instituciones.

Nuestra tendencia a personalizar cualquier cuestión política. Por primera vez en la historia de la política mexicana se vive una contienda tan cerrada y todos, tanto los ciudadanos, como los integrantes de la política, no hicimos otra cosa más que dividirnos, personalizando los problemas, apoyando a un candidato y dejando de lado las propuestas para nuestro país. ¿Y qué pasa? Nos falta cultura política.

¿Y qué pasa con los desacuerdos? Una vez más falla del sistema de leyes mexicanas. Por unos pagan todos. Los legisladores haciendo su chamba a medias y su falta de visión lograron un país que tiene qué arrastrar sus deficiencias obligándolo a encontrar válvulas de escape en la que todos podemos salir perjudicados y para muestra estuvieron los plantones del candidato por el bien de todos, si no hay leyes que lleven por buen camino un proceso electoral la verdad se vuelve sospechosa y en una búsqueda de la verdad hay que hacerse escuchar y al tener qué improvisar muchos, realmente muchos resultan afectados y para ello basta con mirar Reforma y sus estragos económicos. Nuevamente sale a flote la falta de leyes acordes a nuestra realidad.

Ojalá que esta experiencia sirva al pueblo mexicano para andar con pies de plomo y apegados al discurso y a los legisladores que descubran que en lugar de irse a dormir a sus asambleas, de echar grilla y entrar en polémicas neuróticas ese tiempo puede resultar valiosos y convertirse en oro si dejan de personalizar y se pongan a hacer su chamba que si ya llegaron a ese lugar no sólo se trata de calentar el asiento y cobrar por ciento.